Hola, ¿Queréis
que os enseñe algo?
Esa es la
frase con la que nos recibe una bailarina-intérprete-performer (¿algo más?)
cuando entramos a la planta baja de la Fundación Tapies.
El impacto de
la pregunta de la intérprete es fuerte.
Uno nunca se
imagina llegando a un museo ( que pensamos como el lugar de culto, de silencio,
de la contemplación y las reflexiones ) y encontrarse con un grupo de personas
que te interpelan directamente.
Observo como
esa gran sala desubica a los espectadores, que buscan desesperados por las
paredes alguna referencia, alguna información, textos de sala, imágenes que
acompañen u objetos que marquen un recorrido. Pero no, en esta ocasión no se
trata de esto, es otra cosa, es un experimento.
Henry Bergson
en su libro " La evolución creadora" nos dejaba una idea fascinante:

Además,
mientras asistimos al "evento" caemos en la cuenta de que no es una
retrospectiva meramente recopilatoria de todo el trabajo de Le Roy, sino más
bien una composición nueva que construye a partir de sus "solos" más
importantes y siendo consciente en todo momento de la implicación personal de
los intérpretes, que no se limitan a copiar coreografías sino que adoptan otro
rol mucho más decisivo. Encarnan a Le Roy a partir de sus propias experiencias
personales,
metamorfoseándose
así en dobles de Le Roy, dobles que multiplican su trabajo, lo reproducen y
enriquecen de una manera sorprendente. Así, el espectador no asiste solamente a
la puesta en escena de las obras del autor, asiste a reinterpretaciones
diferentes, haciendo de este evento
algo en constante cambio, que no se agota jamás sino que crece y se
transforma.
Quizás uno de
los equilibrios más interesantes de esta exposición es que al inicio parece un
evento caótico, pero a medida que el tiempo transcurre (un tiempo que no está
marcado ni delimitado sino que es flexible e incierto) la sensación de
recorrido aparece, llevándonos a la segunda sala, la cual está totalmente
dedicada a la consulta de información y al diálogo. Allí nos encontramos al
resto de intérpretes que en su momento de descanso toman la iniciativa y
vuelven a interpelarnos:
¿Que os ha
parecido?.

Por si la
desubicación no es suficiente aún falta otra sala, llamada “Untitled”,
totalmente a oscuras, deja entrever unas marionetas del tamaño y volumen de Le
Roy que deben ser iluminadas por los visitantes en cada ocasión. En la penumbra
las marionetas no dejan claro si hay alguien o no, si comenzarán a moverse en
cualquier momento o están totalmente inertes, la inquietud se apodera del
espectador. En este caso los dobles de Le Roy son inertes, inmóviles, no
reinterpretan, ocupan el espacio de los objetos y interpelan al espectador
hacia algo más inquietante que el dialogo, hacia lo desconocido, lo oscuro, lo
que debemos iluminar para darnos cuenta de que es inofensivo. El recorrido
empieza con una pregunta y acaba con una total inquietud.
