Nos hallamos en un momento de mutación en la cual, los patrones de
producción y consumo cultural están cambiando tan rápido que apenas da tiempo a
asimilarlos, también los patrones de clasificación y exhibición han cambiado de
manera sustancial y continua. Y en definitiva, las colectividades toman el
poder del mundo virtual sin preguntarle al museo si está de acuerdo o no.
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Imagen nocturna del nuevo DHUB de Barcelona en la Noche de los Museos |
Recientemente Eduardo Perez Soler ha publicado un artículo dónde
habla del hipermuseo que constituye la web
con su capacidad infinita de archivo y su facilidad para la visibilidad del acervo cultural más grande que se ha
hecho jamás. Frente a tal realidad, el museo tradicional necesita reinventarse
hoy con más urgencia que nunca, necesita redefinirse y ofrecer nuevas opciones
para conseguir mantener su influencia social y seguir siendo un lugar de
referencia.
Hasta aquí todo bien,
necesitamos un nuevo museo que nos de la posibilidad de investigar, de
colaborar, de llevar a cabo proyectos totalmente digitales y colectivos, parece
que tiene sentido, potenciar los recursos humanos y de colaboración de los
museos, potenciar la creación analógica o digital y dejar atrás esas
colecciones llenas de polvo que hoy en día ya nadie va a ver porque desde casa
puede encontrar fotos en mejor definición y más información que yendo a visitar
todos esos objetos-reliquia.
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Imagen interior del nuevo DHUB de Barcelona |
Pues creo que en Barcelona no lo han entendido y una buena muestra
de eso son los nuevos proyectos museísticos que se proyectan en la ciudad de
cara al 2014. En especial me inquieta el DHUB (Museo del diseño) que pretende agrupar a las colecciones de
Museo de las Artes Decorativas, Museo de la Cerámica, Museo Textil y de
indumentaria y el Gabinete de las Artes Gráficas, en total 4 colecciones de lo
más variopintas y diversas que hasta hace poco se morían del aburrimiento y del
polvo en la parte alta de Barcelona. Para su reagrupación se ha proyectado un
edificio faraónico y colosal de 25.000 metros cuadrados útiles que ha costado
la friolera cifra de 100 millones de euros, es casi una obscenidad construir
algo tan desorbitado cuando otros centros de la ciudad de larga tradición
luchan diariamente contra los despidos y la precariedad por seguir abiertos.
Mucho se van a tener que esforzar en que ese espacio no quede
relleno de 4 colecciones inconexas y sin un euro que invertir en la necesaria
re-invención que todo museo necesita hoy en día. Algunos defensores pueden
decir que la experiencia física que nos da la visita a un museo nada tiene que ver
con la experiencia virtual y que el nuevo DHUB se centrará en el objeto y la
experiencia que imprime en el visitante. En otro contexto les daría la razón
pero, sinceramente, dudo que nadie se fije en los vestidos, en las cerámicas y
demás objetos con un edificio tan sumamente protagonista y espectacular. Sin ir
más lejos, en la reciente Nit dels museus, el DHUB abrió sus puertas sin ninguna
exposición y nadie la echó en falta pues todos parecíamos turistas tomando
fotos sin cesar a las magníficas instalaciones.
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Auditorio del DHUB de Barcelona |
Parece ser que el modelo de cultura de escaparate se cristaliza de
una forma imparable en Barcelona, que nada importa la investigación artística y
el tejido creativo y que el huevo DHUB va a ser una parada más para las masas
de turistas que encuentran en el museo un nuevo tipo de parque de atracciones,
más cool, pero igual de frívolo.
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